Dios amó tanto al mundo que dio a su hijo

En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el Evangelio nos recuerda que todo comenzó con un acto de amor radical y gratuito. Un amor que no paraliza sino que libera, que no juzga sino que acoge.

La invitación es sencilla: recibir ese amor y convertirse en canales de Él hacia quienes más lo necesitan.

Bálsamos para el espíritu — Javeriana Estéreo 91.9 FM y Centro Pastoral San Francisco Javier de la Pontificia Universidad Javeriana.

— Santiago Mora Arias